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Ten-Bel: la piedra fundacional

Los Ecos de Ten-Bel, Tenerife y Bélgica unidos por el Turismo

Corrían los años 60 del siglo pasado, cuando un empresario proveniente de Bélgica tuvo una idea brillante. En una pequeña isla del Atlántico, Tenerife, Michael Albert Hyugen comenzaría a construir lo que sería el mayor complejo pensado para el turismo belga de Europa: Ten-Bel. Y para ello encontró una localización espectacular; Costa del Silencio, en la zona costera de Arona.

Planteada su construcción en diversas fases, en 1963 comenzarían a ponerse los primeros cimientos del completo Ten-Bel, que durante 30 años marcaría la norma en cuanto a actividad turística se refería; Carabela sería el primer conjunto de dúplex a raiz de los cuales, de forma concéntrica, se irían sumando Drago, Géminis, Maravilla, Bellavista, Pimavera y Alborada.

El referente de la noche sureña

Precisamente en el complejo Alborada es donde se construyó La Ballena; una discoteca que durante casi dos décadas fue el referente de la noche sureña. Los mejores artistas que pasaron por la isla en la década de los 70 y 80 hicieron parada debida en esta discoteca de Costa del Silencio; para el turismo, no había nada que no fuera posible en Ten-Bel. También como parte de La Ballena se podía encontrar una piscina de agua de mar, situada justo en el litoral. Mientras nos bañábamos en sus aguas, podíamos ver las olas rompiendo en el pequeño dique construido en su parte exterior.

Ten-Bel, la unión de Tenerife y Bélgica

Tenerife y Bélgica: unidos por el turismo

Como decíamos, la idea del empresario belga fue la de construir un lugar de descanso para sus compatriotas. Sin embargo, este lugar ganó una rápida popularidad entre turistas de toda Europa; coincidía el hecho, también, del despegue económico de Europa Occidental que supuso un impulso sin precedentes para el turismo.

Si La Ballena fue referente para las noches, cualquiera de sus otros complejos eran un referente para los días; sin lugar a dudas, la concepción del turismo por parte de Michael Albert Hyugen iba un par de décadas adelantada a su tiempo. En cada una de las urbanizaciones del complejo Ten-Bel (adaptadas para todos los bolsillos) teníamos animación y bar con espectáculo; esto es lo que hacía a Ten-Bel diferente a otras propuestas. Era casi como estar en casa, mientras disfrutabamos de unas plácidas vacaciones.

Los noventa: Se apagan los ecos de Ten-Bel

La última década del siglo XX traería consigo un cambio de paradigma. La zona de Los Cristianos-Las Américas empezaría a ganar peso en detrimento de Costa del Silencio. Al tiempo, Ten-Bel empezó a mostrar síntomas de agotamiento; esto es ley de vida.

A pesar de ello, Ten-Bel empezó un lento declive hasta que comprendió donde estaba su futuro; convertirse en un barrio residencial. Así las cosas, desde entonces, lenta y paulatinamente, se ha ido convirtiendo cada vez más en un lugar de residencia fija, donde descansar tras una larga jornada de trabajo, aprovechando sus ambientes tranquilos y su clima bondadoso.

Costa del Silencio: retiro ideal

En los últimos años, como decíamos, Ten-Bel se ha convertido en lugar de residencia para la gente que trabaja en los diversos puntos del sur de la isla, así como lugar de retiro paradisíaco no solo para los habitantes de Bélgica, sino también para los del norte de Europa. Es muy común pasear por sus avenidas y bulevares y encontrarse con grupos de gente llevando una vida apacible y tranquila; esto confiere a la zona una atmósfera idónea para vivir y relajarse.

Ten-Bel marcó el inicio de una época, la del turismo en Tenerife, que aún a día de hoy sigue marcando el paso económico de la región. Con el paso de los años, ha tenido que ceder este puesto; no obstante ha sabido reconvertirse en otra cosa. Se ha convertido en un lugar ideal donde residir, donde pasear y donde vivir.

Imagen de Ten-Bel en Costa del Silencio

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